Por el simple hecho de hacer las cosas bien

¿Por dónde comienza la Excelencia?

Cuántas veces nos han consultado acerca de cómo instalar la Excelencia. Hacerla visible, transmitirla a los clientes. ¿Por una reingeniería? ¿Por impartir formación a todo el personal? ¿Por el uso de herramientas que apoyen la gestión de la calidad? ¿Por certificarse en normas de calidad? ¿Por revisar y mejorar procedimientos?

Por supuesto que podríamos comenzar por alguno de estos ítems, dependiendo del caso, de la realidad propia de la Organización,  de los recursos, de las personas.

La excelencia comienza por las personas, siempre por las personas, por su actitud, sus valores, su forma de hacer las cosas: bien hechas.

Tan primigenio y  tan evidente que muchas veces no es visto, o no se repara en ello: el mero y simple hecho de hacer las cosas bien.

Hagas lo que hagas, hazlo bien.

Una vez que lo hagas bien, observa si lo puedes hacer mejor.

Una vez que lo mejores… sigue mejorándolo cada vez que puedas, cada oportunidad que tengas o se presente.

Por soñar… ¿Te imaginas que sucedería o cómo viviríamos si cada persona de este planeta hiciera bien lo que tiene que hacer, simplemente bien, solamente bien, nada más que bien?

Si piensas que lo que haces no influye, no es importante o no aporta nada a la excelencia: TE EQUIVOCAS.

Si alguien te quiere hacer pensar que lo que haces no influye,  no es importante o no aporta nada a la excelencia: SE EQUIVOCA.

Si quieres hacer pensar a otras personas que lo que hacen no influye,  no es importante o no aporta nada a la excelencia: TE EQUIVOCAS TAMBIÉN.

Sea lo que sea que hagas… un pastel, un programa informático, abrir una puerta, impartir una clase,  atender a un cliente, vender una camiseta… simplemente ¡Hazlo bien! ¡Por el simple hecho de hacerlo bien!

Este sencillo  principio define una actitud fundamental en todo profesional excelente,  hacer las cosas bien  PORQUE SÍ. Hacer las cosas bien aunque bastase con hacerlas no tan bien. Hacer las cosas bien aunque nadie llegue a controlarlas. Hacer las cosas bien aunque nunca nadie se entere.

Si entre tus colaboradores cuentas con personas con esta actitud, tienes un tesoro para cuidar, alentar, fidelizar y aprovechar como modelo.

Porque las personas ¡imitamos a otras personas!  Porque la excelencia se contagia, se extiende. Es coherente y se hace evidente.

La excelencia de un servicio, de una organización, de una empresa es el resultado de la suma de un montón de “excelencias”.

AH! La excelencia no es perfección, te lo comento  por si piensas que la excelencia no es posible porque la  perfección no existe…

LA EXCELENCIA NO REQUIERE DE LA PERFECCIÓN, SINO DE LA CAPACIDAD DE MEJORAR CONTINUAMENTE

Hicimos evidente un aspecto fundamental de todo profesional excelente.

Se suman otros muchos aspectos, actitudes, aptitudes y habilidades.

Te invitamos a que leas nuestro E-book Excelencia Profesional.